En México, la hepatitis C representa uno de los desafíos más silenciosos pero urgentes para el sistema de salud pública. A pesar de que este padecimiento viral es curable en más del 95 por ciento de los casos mediante tratamientos antivirales de última generación, autoridades de salud y especialistas han encendido las alarmas ante la falta de diagnósticos oportunos que impide erradicar la enfermedad en el país.
Detección tardía posterga metas de erradicación
Estimaciones recientes de las autoridades sanitarias revelan que más de 400 mil personas en el territorio nacional viven con el virus de la hepatitis C sin saberlo. Esta opacidad en el diagnóstico ha impactado severamente las estrategias epidemiológicas, provocando que la meta para lograr la erradicación de esta infección en México se haya tenido que aplazar hasta el año 2040, debido a deficiencias en la prevención y el tamizaje oportuno.
Especialistas médicos señalan que el virus puede permanecer asintomático durante décadas, destruyendo progresivamente el tejido hepático antes de manifestar síntomas severos como cirrosis o cáncer de hígado. No obstante, la llegada de los antivirales de acción directa ha revolucionado la medicina moderna, permitiendo la eliminación completa del virus en un periodo de ocho a doce semanas con escasos efectos secundarios.
Urgencia de fortalecer el diagnóstico en el sector público
Ante este panorama, diversos organismos de salud estatales y federales han intensificado sus campañas para exhortar a la población a realizarse pruebas rápidas y gratuitas de detección. Las autoridades enfatizan la importancia de aplicar este estudio prioritariamente a personas que recibieron transfusiones sanguíneas antes de 1994, usuarios de procedimientos con instrumentos punzocortantes no esterilizados o quienes sospechen de alguna exposición de riesgo. Fortalecer la capacidad diagnóstica en el primer nivel de atención será clave para garantizar el acceso equitativo al tratamiento y frenar la propagación del virus.


