Ciudad de México. Los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos mexicanos son relativos frente a los niveles que enfrentan otros países, afirmó Eduardo Suárez, director corporativo de estudios económicos de Scotiabank Latinoamérica.
Durante un encuentro para analizar el rumbo de América de Norteamérica ante las negociaciones del T-MEC, Suárez explicó que si, por ejemplo, México pasa de una tasa arancelaria de cero a uno por ciento, otros países tienen tasas de 10 por ciento, por lo que México y Canadá seguirán siendo los países con mejor acceso al mercado estadunidense.
“No existe ninguna duda que hacia adelante México y Canadá van a seguir siendo los países del mejor acceso al mercado”, dijo.
El directivo atribuyó esa ventaja a la dependencia de Estados Unidos hacia sus socios comerciales, en particular Texas, entidad que calificó como la más importante para el Partido Republicano después de Donald Trump, por su número de electores.
Destacó que el comercio bilateral entre México y Texas asciende a 900 mil millones de dólares al año, cifra que usó como muestra de la necesidad mutua entre ambos países.
Ante ese escenario, Suárez planteó que México no debe apresurarse a cerrar la renegociación del tratado. Consideró preferible esperar a que los aliados actuales de México dentro de Estados Unidos, entre ellos gobernadores de estados fronterizos y del Medio Oeste, ganen fuerza política antes de firmar un acuerdo que quedaría vigente por treinta años.
Rodolfo Mitchell, director de análisis económico y sectorial de Scotiabank, coincidió en que las elecciones intermedias de Estados Unidos, previstas para noviembre próximo, funcionan como termómetro de lo que ocurrirá con la relación comercial. Una alternancia en el control del Congreso estadunidense, dijo, podría beneficiar la posición negociadora de México.
Mitchell señaló que las encuestas actuales ubican como escenario base la pérdida de la Cámara Baja para el Partido Republicano, mientras la disputa por el Senado se mantiene cerrada. Ese resultado obligaría a Trump a negociar con más actores dentro de su propio partido y convertiría al T-MEC en un acuerdo que también tendría que pasar por el Poder Legislativo estadunidense, no únicamente por una ratificación del Ejecutivo.
Suárez advirtió que, en caso de que los republicanos pierdan el control de ambas cámaras, es probable un repunte temporal en las hostilidades comerciales, cuyo costo podría recaer parcialmente sobre México. Descartó, sin embargo, que el tratado llegue a su fin, en la medida en que el Partido Demócrata también se ha manifestado a favor de mantenerlo vigente.


