Málaga se rinde al pie del Cautivo: El rugido de la fe en la Costa del Sol

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Foto: J. Carlos Santana

Málaga, España. – Hay unas semanas del año que el aroma a incienso y azahar comienza a adueñarse del aire en Andalucía. A medida que se acerca la Semana Santa, ciudades como Sevilla, Granada y Málaga se transforman en un hervidero de actividad en las cofradías. Tras las puertas de las casas de hermandad, el ritmo es frenético: es el tiempo de los últimos detalles, de pulir la plata, planchar las túnicas y organizar a los miles de nazarenos y portadores que darán vida a una de las manifestaciones de fe más impactantes del mundo.

Para el público mexicano, familiarizado con la devoción de las procesiones de Iztapalapa o los silencios de San Luis Potosí, la Semana Santa  en Andalucía  ofrece un espectáculo distinto pero igualmente sobrecogedor. Aquí, la preparación no es solo espiritual, sino logística; las cofradías trabajan a marchas forzadas para que cada “trono” los más grandes son los de Málaga (las monumentales estructuras que cargan a las imágenes) cada año lucen impecables.

Si hablamos de citas que no se deben perder. Málaga presenta el Sábado de Pasión con una cita  ineludible en el  barrio de la Trinidad.

Aunque la Semana Santa comienza oficialmente el Domingo de Ramos, para el malagueño existe una fecha marcada en rojo en el calendario: el Sábado de Pasión. Es la tradición más arraigada; el sábado previo al inicio oficial es siempre el día de la salida del Cautivo, como se le conoce popularmente entre los vecinos.

Este evento no es una procesión de “paso por tribuna”, sino un traslado masivo que paraliza el barrio de la Trinidad y el centro de la ciudad, donde viajan visitantes de los barrios de Málaga y de diferentes lugares de España e Internacionales. Es el momento en que el “Señor de la Túnica Blanca” sale a encontrarse con su gente en un ambiente de barrio, cercano y vibrante, antes de su estación de penitencia oficial el Lunes Santo.

Este año, el fervor alcanzará su punto álgido el lunes 30 de marzo. Es una jornada donde el centro histórico se vuelve intransitable; las calles se cierran y la ciudad entera se convierte en un templo a cielo abierto. Este traslado es seguido minuto a minuto por la televisión en directo, permitiendo que quienes no pueden estar presentes —desde personas mayores hasta malagueños en el extranjero— vivan la emoción en tiempo real.

El punto más humano ocurre cuando la imagen realiza su tradicional parada en el Hospital Civil. Allí, el Cautivo se acerca a las puertas del centro sanitario para encontrarse con los enfermos y el personal médico. Es un acto de cercanía que recuerda a las grandes peregrinaciones mexicanas donde la salud y el milagro son el motor del creyente. Para muchos, ver al Cautivo frente al hospital es el verdadero inicio espiritual de su semana. Dónde se dan cita cantantes que ofrecen saetas escuchadas en una complicidad de silencio y hace que muchos lloren de la emoción.

Durante todo su recorrido hacia la casa de hermandad, va acompañado por centenares de devotos. La imagen avanza sobre una alfombra humana y una lluvia constante de claveles rojos. El fervor es tal que los miembros de la cofradía deben ir retirando los claveles que caen sobre el trono para que este no se sature, permitiendo que los nuevos devotos que esperan más adelante tengan siempre un espacio libre para depositar sus propias flores.

Acompañando el rítmico caminar del Señor, las bandas de cornetas y tambores marcan el paso con marchas militares y procesionales que erizan la piel. El sonido del metal y el tambor es la banda sonora de una Málaga que no duerme.

Con las calles cortadas y los corazones abiertos, la capital de la Costa del Sol se prepara para su semana más grande. Esta es la primera parada de un viaje de fe que continuará con las grandes procesiones, pero que encuentra en el Cautivo su alma más pura y popular.

A estos se suman los traslados de otras cofradías, que también van acompañados por devotos y fieles.

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