Banco de México mantiene la tasa de interés en 6.5%

La junta de gobierno del Banco de México (BdeM) decidió de manera unánime mantener en 6.5 por ciento la tasa de interés interbancaria, esto en un contexto en el que, señalaron, la economía se reactivó en el segundo trimestre, pero persisten “riesgos importantes” a la baja; mientras que en el plano inflacionario, se espera continúe el descenso, aunque a un menor ritmo.

En su comunicado de política monetaria dado a conocer este jueves, el instituto central explicó que, con la presencia de todos sus integrantes, valoró los niveles observados del tipo de cambio, la ausencia de presiones de demanda en la economía y el grado de restricción monetaria implementado para llegar a esta determinación.

Hacia adelante, la junta de gobierno considera apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual, pues juzga que la postura monetaria es adecuada para enfrentar los retos del entorno macroeconómico, incluidos los derivados del contexto internacional. El banco central reafirmó su compromiso con su mandato prioritario y la necesidad de perseverar en sus esfuerzos por consolidar un entorno de inflación baja y estable.

Detalló que en el segundo trimestre del año la actividad económica global se habría expandido a un ritmo similar al del trimestre previo. En varias de las principales economías avanzadas, la inflación general disminuyó en junio debido en buena medida a la caída en los precios de energéticos, mientras que la subyacente se redujo sólo en algunas de ellas. La Reserva Federal, por su parte, mantuvo sin cambio el rango de la tasa de fondos federales en su reunión de julio.

Los mercados financieros internacionales mostraron volatilidad y los precios de las materias primas registraron aumentos generalizados ante el nuevo escalamiento del conflicto en Medio Oriente. El dólar se depreció, mientras que las tasas de interés gubernamentales en Estados Unidos presentaron incrementos, sobre todo las de largo plazo. La incertidumbre asociada a ese conflicto y sus repercusiones se mantiene.

En el ámbito nacional, desde la pasada decisión de política monetaria las tasas de interés de valores gubernamentales en México exhibieron cambios acotados en los plazos corto y mediano, con incrementos en el largo plazo. El peso mexicano se apreció en ese lapso. La economía mostró una reactivación en el segundo trimestre, luego de la contracción registrada en el periodo previo, aunque se siguen previendo condiciones de holgura a lo largo del horizonte de pronóstico.

Sobre la inflación, el BdeM indicó que entre la primera quincena de junio y la primera de julio el indicador general disminuyó de 3.55 a 3.10 por ciento, como resultado de descensos tanto en la inflación subyacente como en la no subyacente. La subyacente pasó de 4.12 a 3.95 por ciento en ese periodo. Las expectativas de inflación general para el cierre de 2026 se redujeron, en tanto que las de mayor plazo permanecieron estables en niveles por arriba de la meta.

El BdeM prevé que la inflación converja a la meta hasta el cuarto trimestre de 2027

El instituto central señaló que se sigue anticipando que las inflaciones general y subyacente desciendan a lo largo del horizonte de pronóstico, aunque de manera más gradual de lo que se preveía anteriormente. Ahora se espera que la inflación general converja a la meta hasta el cuarto trimestre de 2027.

Los pronósticos están sujetos a diversos riesgos. Al alza, el banco central ubicó la persistencia de la inflación subyacente, disrupciones derivadas de políticas comerciales o del impacto inflacionario de los conflictos geopolíticos, afectaciones climáticas, presiones de costos y una tendencia a la depreciación del peso mexicano. A la baja, mencionó una actividad económica menor a la anticipada en México o Estados Unidos, un menor traspaso de aumentos en los costos y menores presiones por la apreciación que la moneda nacional registra desde el año pasado.

El BdeM consideró que el balance de riesgos respecto de la trayectoria prevista para la inflación mantiene un sesgo al alza. Los cambios de política económica de la administración estadunidense y la posible prolongación de los conflictos geopolíticos continúan añadiendo incertidumbre a las previsiones, cuyos efectos podrían implicar presiones sobre la inflación.

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