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La realidad a partir de las percepciones.

Érase una vez seis sabios hombres que vivían en una pequeña aldea. Los seis eran ciegos. Un día alguien llevó un elefante a la aldea. Ante tamaña situación, los seis hombres buscaron la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían ver.

– “Ya lo sé” -dijo uno de ellos-. “¡Palpémoslo!”

– “Buena idea”, -dijeron los demás-. Así sabremos como es un elefante.

Dicho y hecho. El primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. “El elefante es como un gran abanico”, -dijo el primer sabio-.

El segundo, tanteando las patas del elefante, exclamó: “Es como un árbol”.

– “Ambos están equivocados”, -dijo el tercer sabio-. Y tras examinar la cola del elefante, exclamó: “¡El elefante es como una soga!”

Justamente entonces, el cuarto sabio que estaba palpando los colmillos bramó: “El elefante es como una lanza”.

– “¡No!, ¡no!”, -gritó el quinto-. “Es como un alto muro”. El quinto sabio había estado palpando el costado del elefante.

El sexto sabio esperó hasta el final, y teniendo cogida con la mano la trompa del elefante dijo: “Están todos equivocados”. “El elefante es como una serpiente”.

– “No, no. Como una soga”.

– “Serpiente”

– “Un muro”

– “Están equivocados”.

– “Estoy en lo cierto”…

– “¡Que no!…”

Así estaban discutiendo entre los sabios cuando llegó un séptimo ciego quien, al pisar el excremento del elefante, exclamó: ¡Fuchi! ¡Guácala!

Hola que tal mis estimados y finos lectores. ‘Los ciegos y el elefante’, la parábola que les comparto hoy, es originaria de la India, desde donde alcanzó una difusión notable. Ha sido utilizada para ilustrar la incapacidad del hombre para conocer la totalidad de la realidad. En distintos momentos se ha usado para expresar la relatividad, la opacidad o la naturaleza inexpresable de la verdad, el

comportamiento de los expertos en campos donde hay un déficit o falta de acceso a la información, la necesidad de comunicación, y el respeto por perspectivas diferentes.

No extraña pues que, en nuestro país, el ejército mexicano se haya revelado al discurso pasivo que los contenía a defenderse de las agresiones por parte de civiles que oponen resistencia a sus operaciones y actividades en el combate de la delincuencia.

No es la misma situación ni circunstancia pararse frente a un micrófono y hablar condescendientemente a los criminales y apelar al ‘amor de sus mamacitas’, que llegar a zonas en donde los militares son recibidos violentamente.

No basta con adular a los soldados de ser estoicos por soportar las humillaciones y vejaciones de las que han sido víctimas. Qué bueno que la SEDENA ya fijó su posicionamiento a este tipo de situaciones que cada día se habían estado repitiendo con más frecuencia bajo el precepto de: No pueden tirar.

No olvidemos que el derecho a reaccionar con apego a la legalidad por parte de los militares se estuvo buscando desde la iniciativa de la Ley de Seguridad Interior; ley que por cierto fue muy mal vista por quienes hoy simpatizan con el poder.

Así de sabios y de ciegos somos todos, aunque tengamos al animal enfrente, en todo su esplendor.

Por hoy es todo mis estimados; nos leemos en la próxima edición.

Viernes 13, pórtense bien; pero si no les digo.

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