EL COMENTARIO DE HOY

Hace poco más de un mes, el Instituto Nacional de Geografía e Informática –el INEGI- reportó que Oaxaca había registrado un crecimiento económico del 4.8%, por arriba de estados como Nuevo León, Yucatán y Aguascalientes. Hace sólo unos días, la misma fuente reveló que nuestra entidad está por arriba de Nuevo León y Jalisco en crecimiento industrial. Si bien es cierto que en los círculos oficiales dicho anuncio se festina, entre la población ha generado sorpresa.

 

Oaxaca –y eso lo sabemos todos- no es un estado industrial. Salvo las conocidas empresas eólicas, la Refinería de PEMEX, la Cervecera del Trópico y dos o tres empresas más, estamos muy lejos de alcanzar los niveles de entidades como el Estado de México, Jalisco, Querétaro u otros. Lo que la población vive, es una terrible recesión, falta de circulante y pobreza galopante. Sin embargo, mediciones como ésas, lo único que logran es fomentar un discurso fuera de la realidad, para reconocer que aquí todo está bien.

 

Una cosa similar ocurre con el reciente informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que ubica a la entidad en el sitio 17 de seguridad a nivel nacional. Ello ha servido para que en los discursos oficiales se diga que somos una entidad segura, aunque en los hechos la ciudadanía vea con preocupación un nivel de violencia y criminalidad nunca vistos. La pregunta es: ¿quiénes vivimos en la entidad no percibimos la realidad tal cual es?

 

Esto implica que hay dos visiones: la de los informes oficiales y la que percibe el ciudadano común y corriente, como Usted o como yo. Una dualidad que nos genera confusión, porque si de algo estamos seguros, es que Oaxaca requiere de mucho más para salir del marasmo en que hoy se encuentra. Alguien dijo

que estamos pobres, aunque no lo somos. Hay un gran potencial, pero esa riqueza se diluye entre la incapacidad oficial para aprovecharla y la indolencia de grupos y organizaciones sociales, empeñadas en torpedear todo aquello que busque mejorar nuestra calidad de vida.

 

En lo personal desconozco los criterios y la metodología que permite ubicarnos en esos lugares privilegiados. Insisto, la realidad muestra otra cosa. Parece ser contrastante con dichas mediciones. Sin embargo, de ser así, esperamos que ello sirva como aliciente para que Oaxaca vaya superando su ancestral rezago y se ubique poco a poco, en el mapa del desarrollo nacional, siempre que ello implique superar los estándares de pobreza que hasta hoy, no siguen fustigando.